En profundidad
La Escuela de Creatividad y Democracia: fortalecer las capacidades democráticas de las entidades sociales
¿Cómo pueden las entidades sociales fortalecer sus capacidades democráticas, incorporar nuevas formas de participación y convertir las experiencias de las comunidades con las que trabajan en propuestas de transformación política? La Escuela de Creatividad y Democracia (ECD), impulsada por la Fundación Platoniq, propone una respuesta: aprender a participar, facilitar y generar incidencia a través de la práctica.
En un contexto marcado por la desafección política, la polarización y la desconfianza hacia las instituciones, las organizaciones sociales son espacios fundamentales de encuentro, organización colectiva y defensa de derechos. Sin embargo, promover la participación no consiste solo en convocar reuniones o abrir consultas. Requiere aprender a escuchar experiencias diversas, reconocer desigualdades, gestionar conflictos, construir acuerdos y traducir demandas sociales en propuestas con capacidad de incidencia.
La ECD nace como laboratorio de experimentación democrática que combina programas formativos, metodologías creativas y experiencias reales de participación. Su objetivo es fortalecer las capacidades de quienes impulsan procesos democráticos desde organizaciones sociales, comunidades, movimientos ciudadanos e instituciones.
De la formación a la acción: aprender capacidades democráticas en contextos reales
¿Cómo se facilita un debate entre posiciones enfrentadas? ¿Cómo se incorporan las voces que normalmente quedan fuera de los espacios de decisión? ¿Cómo se convierten experiencias de discriminación en propuestas políticas?
La Escuela parte de una premisa: las capacidades democráticas no se adquieren únicamente estudiando la participación, sino ejercitándola. Su itinerario combina el cuidado interseccional con metodologías de las artes escénicas y visuales, investigación participativa y tecnologías cívicas abiertas. Mediante prácticas, ensayos y prototipos, las personas participantes exploran el Teatro Legislativo, los etnofanzines participativos, el mapeo colectivo, la traducción audiovisual y las plataformas digitales de deliberación.
Para una entidad social, este repertorio permite ir más allá de los formatos habituales de consulta. El Teatro Legislativo permite representar conflictos y ensayar alternativas; el mapeo colectivo ayuda a identificar barreras invisibles en diagnósticos convencionales; los lenguajes artísticos abren vías de expresión a quienes no encuentran su lugar en debates formales; y las plataformas digitales ofrecen continuidad y escala a la conversación.
La singularidad de la ECD es su apuesta por incidir mientras se aprende: conectar la formación con procesos participativos reales desarrollados junto a comunidades, organizaciones e instituciones. Durante la primera edición se desplegó una unidad didáctica sobre democracia y creatividad en centros de Madrid y Barcelona, se impulsó Mindset Revolution junto a la Universidad de Birmingham y el Kasal de Joves de Roquetes, y se colaboró con la Asamblea Cívica española para difundir las 172 recomendaciones de la Asamblea Ciudadana para el Clima. También se investigó la relación entre tiempo y participación, el derecho a la ciudad y el malestar ecosocial juvenil.
La experiencia dio lugar a una comunidad de aprendizaje con capacidades complementarias: facilitar diálogos seguros e inclusivos, diseñar procesos digitales, investigar creativamente y conectar conclusiones comunitarias con campañas e incidencia institucional.
Cinco experiencias reales para fortalecer capacidades democráticas
Los siguientes cinco policy briefs, elaborados en el marco de los tres meses de formación de la primera edición, documentan tanto problemas sociales concretos como formas de aprender a afrontarlos mediante participación. Cada experiencia plantea una capacidad que puede trasladarse al trabajo cotidiano de las entidades sociales.
1. El tiempo también es un derecho democrático
Capacidad democrática: reconocer y transformar las barreras estructurales para participar.
Si el tiempo está desigualmente distribuido, la democracia también lo está. Un experimento de democracia participativa investigó hasta qué punto la pobreza de tiempo aleja de los espacios de decisión a quienes asumen cuidados o encadenan largas jornadas laborales.
Entre marzo y junio de 2024 se recogieron 352 respuestas (323 válidas) en una encuesta exploratoria en OpenSpaces (Decidim), complementada con 12 entrevistas a especialistas en participación y género y datos de la encuesta europea HETUS. Se preguntó por el trabajo remunerado, los cuidados, los desplazamientos, las prácticas participativas y sus barreras.
El tiempo aprieta
Esepe (2023)
Los resultados mostraron que muchas personas dedicaban entre tres y seis horas diarias a cuidados no remunerados, con una carga desproporcionada para las mujeres. Al sumar empleo y cuidados, las jornadas de ellas se situaban entre siete y siete horas y media, frente a unas seis o seis horas y media para los hombres. La vida asociativa, el voluntariado y la política apenas ocupaban entre siete y diez minutos diarios. Estas barreras se cruzaban con el género, la clase social, la situación migratoria y la etapa vital.
¿Qué pueden aprender las entidades sociales? Abrir una convocatoria no garantiza participación. Ajustar horarios, introducir formatos asincrónicos, facilitar la conciliación y reducir los costes materiales de intervenir son decisiones democráticas. Sin justicia temporal, participar puede convertirse en un privilegio.
- ¿Qué horarios y formatos excluyen a las personas con responsabilidades de cuidados?
- ¿Qué costes de tiempo exige participar en nuestras actividades?
2. Salud mental juvenil: aprender a escuchar antes de diseñar soluciones
Capacidad democrática: facilitar procesos inclusivos y convertir las experiencias de los colectivos afectados en recomendaciones políticas.
Durante tres años, jóvenes de Manchester y Barcelona trabajaron con Platoniq en investigación participativa y democracia creativa sobre salud mental. En Mindset Revolution, Foro Joven y CoActuem per la Salut Mental recurrieron al Teatro Legislativo, la participación digital, asambleas presenciales y mapeos colectivos para expresar experiencias de desigualdad y traducirlas en recomendaciones destinadas a servicios de salud, centros educativos y gobiernos locales.
El elemento decisivo fue reconocerles como protagonistas de las decisiones, no únicamente como personas consultadas. También evaluaron su propia participación y el impacto que percibían, fortaleciendo su confianza y capacidad de incidencia.
Presentación de las conclusiones a la Agencia Catalana de Juventut
Platoniq (2025)
Entre el 23 y el 26 de junio de 2025, jóvenes de Barcelona viajaron a Manchester para profundizar en las propuestas, tras conversar en un podcast colaborativo. Trabajaron sobre cuatro problemáticas —ecoansiedad, igualdad de género en las escuelas, tokenismo y precariedad habitacional— y contrastaron tres propuestas con actores públicos y sociales de Greater Manchester.
- Propuesta 1: Cada escuela y puesto de trabajo tiene un Departamento de igualdad y derechos
- Propuesta 2: Creación de un Consejo de Responsabilidad y Legado
- Propuesta 3: Fomento de espacios seguros para probar nuevas maneras de trabajar
¿Qué pueden aprender las entidades sociales? Escuchar es una práctica que requiere condiciones de confianza, atención a las relaciones de poder y posibilidad real de influir en el proceso. Las metodologías utilizadas permiten pasar de identificar necesidades al codiseño de respuestas, sin reducir la participación a un gesto simbólico.
- ¿Quién decide qué problemas se investigan y qué recomendaciones se priorizan?
- ¿Cómo sabemos si las personas participantes pueden influir de verdad?
3. Derecho a la ciudad: transformar experiencias de exclusión en propuestas políticas
Capacidad democrática: utilizar creatividad y deliberación para traducir conflictos cotidianos en demandas colectivas.
El 10 de julio de 2025, quince jóvenes de 18 a 30 años participaron en Barcelona en un taller sobre derecho a la ciudad, junto a jóvenes migrantes acompañados por la Fundació Barcelonactua, activistas de derechos y una representante de la Generalitat. La sesión fue facilitada por la propia cohorte de la ECD, poniendo en práctica el aprendizaje de su itinerario.
Un mapeo inicial identificó fricciones y formas de exclusión en la vida cotidiana. Las experiencias se convirtieron en escenas de Teatro Legislativo, utilizando guiones, gestos, objetos y mobiliario improvisado para visibilizar la dificultad de trámites y accesos a derechos.
Votación sobre propuestas políticas
Platoniq (2025)
Después, el laboratorio político permitió formular dos propuestas: transiciones justas hacia la ciudadanía para jóvenes migrantes en situación de vulnerabilidad e itinerarios administrativos digitales con acompañamiento humano. Las medidas abordaban la fragmentación de los circuitos formativos y residenciales, la complejidad burocrática y la falta de coordinación entre oficinas.
¿Qué pueden aprender las entidades sociales? Representar una situación de injusticia permite explorar sus causas, escuchar posiciones diferentes y ensayar alternativas. El objetivo no es hablar en nombre de quienes experimentan la desigualdad, sino acompañarles para que sus experiencias orienten propuestas concretas.
- ¿Quién define los problemas y quién formula las soluciones en nuestros proyectos?
- ¿Cómo podemos convertir relatos cotidianos en propuestas ante las instituciones?
4. Madres migrantes: del reconocimiento de las violencias a la construcción colectiva de derechos
Capacidad democrática: crear espacios seguros, trabajar desde la interseccionalidad y construir soluciones frente a la discriminación.
En Barcelona, durante 2025, un grupo de madres migrantes convirtió situaciones de discriminación en escenas de Teatro Legislativo: rechazo en el acceso a la vivienda por llevar hijab, prejuicios laborales contra madres solas y cuestionamiento del derecho a la atención sanitaria. El público intervino como espect-actor para cambiar las historias y ensayar respuestas colectivas.
Participantes después del taller de Teatro Legislativo
Platoniq (2025)
El proceso apuntó a tres ámbitos de transformación: vivienda digna, también para familias arraigadas sin documentación regularizada; empleo justo, con protección frente a la explotación; y servicios sociales y de salud sin discriminación, mediante mediación comunitaria y formación intercultural. Las experiencias revelaron cómo género, origen, maternidad y situación administrativa se entrecruzan en obstáculos concretos.
¿Qué pueden aprender las entidades sociales? Aplicar una mirada interseccional significa entender cómo se combinan las estructuras de desigualdad y revisar las condiciones de participación. Las personas habitualmente definidas como destinatarias de ayudas pueden ser protagonistas de la creación de soluciones.
- ¿Qué discriminaciones se entrecruzan en las experiencias de nuestra comunidad?
- ¿Qué condiciones permitirían participar sin reproducir relaciones de poder?
5. Ecoansiedad y participación juvenil: convertir el malestar en acción colectiva
Capacidad democrática: utilizar lenguajes creativos para facilitar expresión, deliberación e incidencia.
El 11 de julio de 2025, una jornada sobre ecoansiedad, salud mental y desafección juvenil comenzó con un podcast en mesa redonda conducido por Alejandra Gallardo junto a Sara S. Ribés y Carla Riera. El intercambio abordó la necesidad de canales reales de incidencia para que la preocupación ante la crisis climática no se traduzca en impotencia.
Un taller de fanzines permitió a las personas jóvenes explorar sus emociones y propuestas mediante collage, escritura e imágenes. Después, un laboratorio político organizado por Platoniq sistematizó las aportaciones en líneas estratégicas.
Resultado del taller de fanzines
Platoniq (2025)
De ahí surgieron tres propuestas: incorporar la ecoansiedad en políticas de salud mental y acción climática; convertir la deliberación en una infraestructura educativa estable en Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional; e integrar afectos y creatividad en los espacios deliberativos mediante teatro, fanzines y otras metodologías.
¿Qué pueden aprender las entidades sociales? Los debates convencionales no ofrecen a todo el mundo las mismas posibilidades de expresión. Las herramientas creativas ayudan a reconocer experiencias compartidas y convertir preocupaciones en perspectivas de futuro y propuestas de incidencia.
- ¿Qué lenguajes podrían facilitar la expresión de personas poco presentes en nuestras reuniones?
- ¿Cómo conectamos las aportaciones creativas con decisiones y compromisos concretos?
¿Qué capacidades democráticas pueden desarrollar las entidades sociales?
Estas cinco experiencias muestran que la democracia es también un conjunto de capacidades que se aprenden y ejercitan. La ECD ofrece oportunidades para que las entidades sociales desarrollen habilidades de escucha y reconocimiento de experiencias diversas; identifiquen barreras interseccionales; faciliten conflictos y conversaciones difíciles; experimenten con Teatro Legislativo, mapeo y medios digitales; conviertan diagnósticos en recomendaciones colectivas; y conecten dichas recomendaciones con instituciones y procesos de decisión.
El aprendizaje es útil tanto para mejorar la organización interna como para impulsar procesos comunitarios, acompañar a colectivos y desarrollar campañas de incidencia. Lo importante no es solo la calidad de una metodología, sino quién puede participar, en qué condiciones y con qué capacidad de influir en el resultado.
Una escuela para aprender, experimentar y transformar
La primera edición demuestra que la formación democrática puede ir más allá de transmitir conocimientos: las metodologías se convierten en herramientas de cambio cuando se aplican en procesos participativos reales. Los policy briefs permiten conocer y adaptar esos aprendizajes en contextos sociales diversos.
Para las entidades sociales, la Escuela de Creatividad y Democracia propone fortalecer la capacidad de escuchar, deliberar, crear con otras personas e incidir públicamente, revisando también cómo se reparte el poder dentro de los propios procesos participativos.
La democracia también se aprende. Y, sobre todo, se aprende practicándola.
Un proyecto realizado gracias al apoyo de Open Society Foundations.